Desnutrición y obesidad, ¿Son incompatibles?
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Seguramente al leer desnutrición estés pensando en países subdesarrollados, donde escasean los alimentos y el peso corporal es bajo. En países desarrollados, aquí mismo en España, el porcentaje también es alto, pero no solo por inanición sino por una sobrealimentación poco nutritiva. Te explico la diferencia definiendo los dos conceptos de malnutrición: la desnutrición y la obesidad:

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),

La desnutrición aparece cuando la ingesta de alimentos es insuficiente para poder cubrir las necesidades del organismo. No solo se produce cuando hay falta de alimentos, sino también en ciertas patologías o cuando se produce una alteración de la ingesta o de la absorción de los nutrientes.

La obesidad se produce cuando en la persona se acumula un porcentaje de grasa excesivo debido a un desequilibrio entre las calorías consumidas (demasiadas, normalmente por alimentos y bebidas muy calóricas, ricas en grasas y azúcares) y las calorías gastadas (insuficiente por una actividad física reducida).

 

Por tanto, la malnutrición abarca los dos conceptos porque hace referencia a la falta de consumir los nutrientes que necesitamos (vitaminas, minerales, proteínas…), o a un desequilibrio o consumo excesivo de los mismos; independientemente de que sea por déficit o por un exceso de aquellos alimentos que no aportan nutrientes de calidad.

 

Erróneamente se piensa que la obesidad es solo un problema de países desarrollados o personas con estatus económico alto, pero no, más bien se encuentra en población con bajos recursos donde la dieta es rica en carbohidratos (cereales refinados, patata), azúcares y grasas de poca calidad. Todos estos alimentos son más económicos y muy calóricos, pero de muy baja densidad de nutrientes, es decir, se ingieren pocos ácidos grasos esenciales, minerales, vitaminas, fibra y proteínas.

La FAO publicó en 2020 el informe Food security and nutrition in the wordl, donde anuncia que “la pandemia de COVID-19 intensifica las causas de vulnerabilidad y las deficiencias de los sistemas alimentarios mundiales […]; uno de los principales obstáculos es el elevado costo de los alimentos nutritivos y la escasa disponibilidad de las dietas saludables para una gran parte de la población”.

Por otro lado, es muy común pensar en salud cuando vemos mujeres delgaditas, porque así parece que nos lo quiere hacer ver la sociedad y la publicidad. Pues es muy probable que si sacrifican su ingesta con fines estéticos su salud se tambalee e incluso puedan sufrir desnutrición porque su organismo necesite más calorías, proteínas u otros nutrientes esenciales que no se lo esté cubriendo su “dieta estricta” y la búsqueda de su “peso ideal”.

 

¿Cómo sé si tengo desnutrición?

  • En niños y adolescentes se manifiesta por sufrir dificultades y retraso tanto en el crecimiento como en el desarrollo de los mismos.
  • Otros síntomas pueden ser: irritabilidad, déficit de atención, debilidad muscular, cansancio, piel seca, entre otros.

 

¿Cómo abordar la desnutrición?

Si crees que puedes sufrir desnutrición, lo más importante es el diagnóstico por un médico y dietista-nutricionista, para conocer la etiología del mismo y poder personalizar unas pautas de alimentación de manera que aprendas qué necesita tu cuerpo y de qué manera se lo podemos ofrecer con la alimentación. El profesional adaptará tus pautas a tus recursos económicos, gustos, preferencias y necesidades.

Por otro lado, es imprescindible hacer efectivas, políticas y estrategias gubernamentales destinadas a tener más fácil el acceso a dietas saludables para todos, a promover alimentos más sostenibles reduciendo el coste de producción y los desperdicios, y ayudar y promocionar una educación nutricional adecuada desde la infancia.

 

Ni comer mucho ni poco significa NUTRIRNOS, sino que debemos de alimentarnos correctamente según necesite nuestro cuerpo en cada momento.

 

Cuídate, adapta tu menú a tus posibilidades económicas ¿Cómo? Con productos de cercanía – locales-, reduciendo el desperdicio, evitando adquirir alimentos superfluos que no aporten nutrientes; y por supuesto, nunca sacrifiques tu salud por un peso en concreto, recuerda que la talla no te define y no es indicativa de salud.

 

Laura Ramos

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