Colectomía, ¿Y ahora qué hago con la alimentación?
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“Refréscate sano este verano”

Pepa es una paciente que acude a consulta porque siente que debe hacer cambios en su alimentación tras una intervención quirúrgica en la que ha sufrido una resección de una parte de su intestino grueso.

Tiene 59 años y justo acaba de sufrir un tumor en el colon cuyo tratamiento fue hace 6 meses una colectomía, es decir, en una cirugía para extirpar la parte del colon afectada.

Antes de sufrir cáncer, refería una vida saludable, con predominio en el consumo de verduras y proteínas vegetales y practicaba ejercicio físico regular y el trabajo le causaba mucho estrés emocional.

En el momento en que acude a consulta, aún no puede comer como lo hacía habitualmente porque sus heces son diarreicas y su intestino aún no ha superado el nuevo cambio.

 

En principio, se puso en contacto conmigo para recuperar lo antes posible su ritmo intestinal, pero Pepa, en el fondo, quería saber qué alimentos tenía que incluir en una “dieta antinflamatoria” para evitar la recidiva de cáncer pues el miedo a la enfermedad superaba con creces la poca calidad de vida que estaba teniendo desde la operación.

La consecuencia de la colectomía incluye pérdida de agua y sodio por las heces, como Adela-Emilia Gómez indica en su artículo “Colectomía. Secuelas nutricionales”  el colon al ser la última porción del aparato digestivo no desempeña un papel importante en la absorción de nutrientes (en esta parte del intestino solo se absorbe agua, sodio y ácidos grasos de cadena corta), pero resulta clave para el equilibrio hidroelectrolítico del organismo.

 

Por tanto, por mi parte estaba claro, el tratamiento nutricional iría claramente encaminado a disminuir la diarrea, evitar la deshidratación (por pérdida de agua y electrolitos) y posible desnutrición por falta de ingesta (ya que la paciente refería miedo a comer porque no sabía qué alimentos le sentaban bien y cuales no). En definitiva, ralentizar el ritmo intestinal para reducir las molestias gastrointestinales y así mejorar su calidad de vida, tal como indica la evidencia al respecto (https://cutt.ly/mE7e3Om).

De forma resumida, ¿Cuáles serían para Pepa las recomendaciones nutriciones en este momento?

  • Suprimir la fibra insoluble que contienen muchas frutas y verduras y legumbres.
  • Evitar en consumo de lácteos con lactosa.
  • Consumir los cereales refinados y evitar todos los integrales.
  • Limitar el aporte de grasas
  • Asegurar una ingesta adecuada de agua, sodio y proteínas.

¿Parece fácil verdad? Si, si fuera el único interés de Pepa… pero ella, sin embargo, había leído y comprende que una alimentación adecuada para prevenir patologías, entre ellas el cáncer, debe estar compuesta por:

  • Verduras, hortalizas y frutas.
  • Legumbres.
  • Cereales integrales.
  • Grasas insaturadas: semillas, pescado azul, aguacate, etc.
  • Alimentos probióticos: lácteos fermentados, miso, entre otros.

¡Vaya! ¡Justo todo lo contrario a lo que ella necesitaba en este momento! Creando gran frustración, impotencia y vulnerabilidad por el miedo que sentía de no poder seguir una dieta equilibrada y así poder disminuir el riesgo de recidiva.

 

¿Creéis que es justo para ella? Yo saco estas conclusiones y así intento transmitirlo:

  • La etiología del cáncer: es una patología multifactorial en la que, obviamente, tus hábitos de vida pueden influir, pero no será lo único, no depende solamente de nuestros actos.
  • Salud emocional: el temor y el estrés emocional que produce el no querer consumir ciertos alimentos por miedo a que puedan producirte daño pueden influirte de manera negativa. Por muy baja calidad nutricional que tenga un alimento, consumido de forma excepcional no te va a hacer mal, pero no dicen lo mismo los psicólogos cuando aumenta la ansiedad por la restricción. Ante todo, equilibrio y flexibilidad.
  • Adapta las pautas saludables a tus necesidades. Un menú no puede ser ideal si a ti no te sienta bien. Lo único ideal es la personalización del mismo.

 

Con el tiempo, Pepa ha ido tolerando mayor cantidad de fibra y grasas, y ya está más cerca de tolerar una alimentación equilibrada. Lo ha hecho lo mejor que ha podido y, lo que sí ha eliminado de su alimentación por completo desde el inicio han sido alimentos superfluos que es bien sabido que perjudican la salud como los alimentos azucarados, fritos, bebidas azucaradas, los alimentos procesados, el alcohol y el hábito tabáquico.

 

En definitiva, cuídate, pero no tengas prisa, no fuerces, tu cuerpo es muy sabio. La alimentación es el arte de aprender a escuchar nuestro cuerpo y darle lo que necesita en cada momento.

Laura Ramos.

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