Cáncer de mama y alimentación
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Hoy es el día del cáncer de mama. Se me ocurren muchas cosas que contarte, que es uno de los tipos de cáncer más prevalente, que hay alimentos más o menos relacionados con el riesgo de padecer la enfermedad y un largo etc. Pero esta vez, te voy a hablar de algo un poco diferente.

Lo que veo en consulta

Si una cosa caracteriza a la mayoría de mis pacientes con cáncer de mama es el “tirar pa’lante”, el buscar activamente soluciones y nuevas estrategias para mejorar el pronóstico y la calidad de vida. Esto es muy bueno, la paciente activa que se cuida a través de lo que buenamente depende de ella, como la alimentación, el ejercicio físico y el cuidado de la mente y que no deja todo en manos de los profesionales médicos. Sin embargo, en ocasiones, es un arma de doble filo. Si haces una búsqueda rápida sobre cáncer de mama y dieta en Dr. Google puedes encontrar fácilmente mil y una promesas sobre diferentes dietas: llámala cetogénica, Budwig, alcalina, suplementos de todo tipo y estrategias variopintas. Si alguna vez lo has hecho, te aconsejo que te pongas en manos de un profesional, de un dietista-nutricionista que te explique cómo funciona tu cuerpo y qué necesita en cada fase del tratamiento, que no te sometas a dietas imposibles sin criterio, que no añadas más estrés con cambios en tu alimentación que solo provoquen más sufrimiento.

Lo que dice la ciencia

La evidencia actual nos dice que tanto la dieta como el estado nutricional son factores muy importantes en la etiología del cáncer de mama, incluso en el pronóstico y resultados de los tratamientos. El estado nutricional depende de la situación de partida (cómo era tu alimentación antes del diagnóstico, tus hábitos etc.), pero lo cierto es que a medida que los tratamientos avanzan, la cirugía, la quimio, la radio etc. el estado empeora. Ese deterioro de nuestras reservas de nutrientes depende a su vez de la masa tumoral, del tipo de cáncer, de los tratamientos y las dosis, además de la duración de los mismos. Mantener un estado nutricional adecuado puede repercutir positivamente en el tratamiento.

Es tan difícil hacer relaciones entre la alimentación y una enfermedad, sobre todo en mujeres, con nuestra ciclicidad continua, con nuestros cambios. Porque no es lo mismo tener un cáncer de mama en edad fértil que después de la menopausia, porque los factores de riesgo cambian. Para la ciencia es complicado delimitar qué alimentos, qué cantidades, qué nutrientes concretos aumentan o disminuyen el riesgo de cáncer. Ya no es solo lo que comemos, si no cuando comemos, cómo lo cocinamos.

Lo cierto es que aún hay mucho por descubrir, pero, por ahora, las directrices que nos dan organismos oficiales (World Cancer Research Fund) son de lo más básicas (y están probadas) y, aun así, no las cumplimos, pero sí que buscamos otras estrategias mucho más difíciles como las dietas anteriormente mencionadas, la restricción de ciertos alimentos como los lácteos, la soja o algunas fuentes de hidratos.

Mi consejo

Mi mensaje para ti si estás pasando por el cáncer es que cuides tu alimentación y siembres hábitos saludables que perduren en el tiempo. Busca ayuda profesional y no hagas de tu dieta un castigo.

Disfruta de tu alimentación siempre que puedas. En ocasiones, con los efectos secundarios del tratamiento no siempre es esto posible. Por eso, seguro que también echas de menos como sabe tu plato favorito, cómo huele, cómo lo has disfrutado en compañía.

La comida está para nutrir tus células, tu cuerpo, para darte energía y bienestar y, por supuesto, para apoyar el curso del tratamiento.

Un fuerte abrazo,

Victoria

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