Alimentación y trastornos ginecológicos
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“Refréscate sano este verano”

Estoy segura de que conoces a alguna mujer que padezca algún tipo de trastorno ginecológico, como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico, leiomiomas o diferentes tipos de cáncer. Todas estas enfermedades suponen una elevada morbilidad porque causan menstruaciones dolorosas y abundantes, dolor pélvico incapacitante, infertilidad o incluso, la muerte. La mayoría de estas enfermedades se tratan a base de medicamentos con innumerables efectos secundarios, por lo que conocer la fisiopatología de estos trastornos y los posibles factores de riesgo asociados a su desarrollo y progresión, es clave para mejorar nuestra salud.

¿Cómo influye la alimentación en el riesgo de padecer algún trastorno ginecológico?

Lo cierto es que la nutrición es uno de los temas más difíciles para la comunidad científica. ¿Por qué? Gran parte de la evidencia de la que disponemos procede de estudios epidemiológicos y no de clínicos. La evidencia nos sugiere que una dieta rica en fruta y verdura, té verde, vitaminas y compuestos derivados de plantas (como los fitoquímicos) podría prevenir algunas enfermedades ginecológicas comparando con una dieta deficiente en frutas, verduras etc. y rica en carne roja, grasas de mala calidad y alcohol. Hasta aquí todo parece cobrar sentido.

Si conociésemos qué papel juega exactamente la alimentación en ginecología, cómo prevenir e incluso tratar, mejoraría la calidad de vida de todas aquellas mujeres afectadas.

Os voy a hablar de algunos alimentos que se han estudiado bastante en relación a este tema:

  • Tenemos a los archidemonizados cereales integrales, ricos en minerales, vitaminas, fibra y fitoquímicos como la vitamina E, los carotenoides, la inulina y los lignanos, que modulan respuestas inmunitarias y el estrés oxidativo.

 

  • Sin desmerecer a los frutos secos, que, según la evidencia actual, reducen el riesgo de padecer obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. ¿Has oído alguna vez eso de que los frutos secos engordan?

 

  • Frutas y verduras conocidas por ser una fuente de vitaminas, minerales y fibra, llenas de antioxidantes como la vitamina C o E.

 

  • La carne, rica en proteína y que según como la cocines, puede ser fuente también de algunos compuestos indeseables como las aminas heterocíclicas (que son mutagénicas). Ojo a la carne churruscadita.

 

  • El pescado, fuente de proteína y de omega 3.

 

  • Té verde, rico en una catequina, la galato de epigalocatequina, que suele ser estudiado por sus efectos antioxidantes y antitumorales.

 

¿Cómo pueden estos alimentos, estos nutrientes, influir en algunos trastornos ginecológicos? El debate está servido.

Nuestro cuerpo es una máquina muy bien diseñada. Todo lo que comemos nos influye de cierta forma. Los nutrientes procedentes de los alimentos mantienen procesos fisiológicos, pudiendo un exceso o carencia de nutrientes, tener un impacto negativo al alterar nuestra fisiología. Pongamos algunos ejemplos.

Los micronutrientes (minerales, vitaminas y otros elementos) tienen un papel vital en el ámbito celular. El zinc y el selenio actúan como cofactores en miles de vías. La vitamina E y la A eliminan radicales libres. El ácido fólico interviene en la síntesis de ADN y su deficiencia está asociada a problemas en el embarazo.

Piensa en el sistema inmune. Todos los micronutrientes trabajan para él. El hierro y el zinc se encargan de reparar el epitelio intestinal, la vitamina D contribuye a mejorar la composición de la microbiota. La vitamina B6, por ejemplo, contribuye en la lucha contra infecciones al mejorar la producción de anticuerpos.

¿Y los macronutrientes? Tenemos a las grasas, que dependiendo del tipo pueden tener efectos beneficiosos o adversos en nuestro cuerpo. Si hablamos de ácidos grasos trans, lo tenemos claro. Nombramos el omega 3 y suena a “todo mal cura”. Pues los primeros potencian los niveles de mediadores inflamatorios como la proteína C reactiva o la interleucina IL6. Sin embargo, los segundos se usan como potentes antiinflamatorios.

Si nuestros niveles de glucosa están elevados, se inician reacciones en cascada que dan lugar, a largo plazo, a diversas enfermedades como la diabetes. Además, los productos finales de glicación están implicados en procesos de otras enfermedades como el cáncer.

A modo de conclusión…

Interesante, ¿verdad? Ahora ya sabes que lo que comes produce un impacto mayor del que tú pensabas. Sin embargo, el debate sigue abierto porque las enfermedades son de origen multifactorial. Como te comentaba al principio, los datos disponibles que estudian la relación entre la alimentación y algunos trastornos ginecológicos proceden, en gran parte, de estudios epidemiológicos, en ocasiones, contradictorios, con posibles factores de confusión, como el sedentarismo, el origen étnico y otros factores ambientales que limitan nuestras principales conclusiones.

En resumen, tu cuerpo es una máquina fascinante que aprovecha los nutrientes para vivir con salud. Los nutrientes hacen coreografías perfectas, manteniéndote sana y con energía.

Lo cierto es que, por ahora, desconocemos miles de aspectos de cómo la alimentación puede mejorar algunas enfermedades ginecológicas, pero, aplicando lo poco que sabemos, ya hacemos mucho. Y esto es puede ser tan simple como empezar añadiendo más frutas y verduras en tu plato día a día. Nada raro, ¿verdad?

En próximos posts, os contaré en profundidad cómo influye la alimentación concretamente en algunas de estas patologías.

Gracias por leernos.

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