La razón de los atracones de Sheila
La razón de los atracones de Sheila

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“Refréscate sano este verano”

El día que Sheila acudió a la consulta por primera vez, era una chica distante, seria, malhumorada, tajante. En alguna ocasión contestaba de forma llamativamente inadecuada a su madre, la cual, siempre estaba presente en las sesiones, que solían ser tensas.

Una de las preguntas que suelo realizar a mis pacientes en la primera consulta es, ¿cuéntame, por qué estás aquí y en qué te puedo ayudar?

Su contestación fue rápida: “estoy aquí por obligación, quieren que modifique mi forma de comer y pierda peso”.

Por desgracia, perdió a su padre hacía muy poco tiempo a consecuencia de un cáncer terminal. Después de esta pérdida se vio obligada por su tío paterno, a visitar a un profesional de la Nutrición, para modificar sus conductas alimentarias.

Conductas, que le habían hecho llegar a una obesidad preocupante e iba encaminada a padecer un síndrome metabólico, conjunto de factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de enfermedades cardiovasculares, entre otras patologías.

¡Creo que han sido las sesiones más duras que he vivido en consulta! 

Transmitía mucho dolor contenido, sin saber gestionar y queriendo huir de ese sentimiento, sin darse cuenta que se iba sumergiendo más y más en él. 

Sus respuestas, cada vez que venía a consulta eran: 

yo no quiero cambiar de forma de comer ni de aspecto”

 “quiero vivir así con las consecuencias que sean”

La mirada de su madre hacia mí, era de desesperación y preocupación por la salud de su hija.

Le recomendé acudir a una psicóloga, pero no estaba por la labor. Se cerraba en banda y era imposible llegar a ella, me sentía desesperada. No había fluidez en nuestras conversaciones y te aseguro que lo di todo para romper esa tensión.

Ella seguía acudiendo a consulta con su madre y obligada por su tío. Hasta que en una ocasión la tensión fue tal que la invité a dejar el tratamiento y le indiqué a su madre que dejara de obligarla. 

Dejó de venir, por una parte, lo agradecí, porque la sensación que se vivía en esa habitación me dejaba muy tocada.

Modificar conductas alimentarias, a veces no es tarea fácil, incluso para los que están predispuestos ya que existen factores externos que nos impulsan a ciertos comportamientos con la comida alejándonos de nuestro objetivo. 

En el caso de Sheila, comía compulsivamente y de forma errónea. 

No sentía la necesidad de darse cuenta que el vacío que había dejado su padre lo llenaba con comida.

Para modificar conductas la persona tiene que querer cambiar y, sobre todo, tener claro para qué. 

Pasó un año y recibí un WhatsApp, que decía: “Hola Sofia, soy Sheila, voy a la psicóloga y ahora necesito tu ayuda. Dame cita por favor. Un saludo.”

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